Tiraba de la maleta con fuerza para subir los escalones. Debía pesar al menos doscientos kilos, era casi imposible arrastrarla. Una mano enorme se apoderó del asa y la levantó como si nada. Lidia se giró con rapidez para encontrarse con unos ojos azules enormes que la miran con una chispa de diversión. Dio un repaso rápido a su cuerpo que era fuerte y alto y de pronto sus mejillas ardieron con intensidad. Inspiró a punto de empezar a quejarse para que no la ayude, pero él ya está subiendo la escalera. —¿A qué piso vas? Lidia boqueó un par de veces sin saber cómo responder a aquella voz tan sensual y sacudió la cabeza para reaccionar. —Al segundo, pero no quiero molestarte. —dijo intentando recuperar su maleta. Cogió carrerilla y estiro un brazo para cogerla, pero él se dio cuenta y la subió al siguiente escalón. —No es molestia, vivo en el segundo. Por cierto, me llamo Álex. —Encantada, pero de verdad… No quiero molestar. El chico se giró y con la sonrisa más pícara que había vist...
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