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Por fin (1ª parte) Carmen

Carmen y Sam Entro en la discoteca comiéndome el mundo. Tengo ganas de guerra y camino bien recta, intentando controlar los tacones y el suelo pegajoso que voy pisando. El DJ me saluda desde su podio, le sonrío y zarandeo la mano de forma exagerada y feliz, me giro y borro mi sonrisa falsa, para pedirle un chupito al camarero. Soy asidua a este local y me conocen todos, pero eso no quiere decir que todos me caigan bien.    Alguien se apoya a mi lado y pide agua. Al darme la vuelta para ver quién es descubro que el chico que me roza el brazo, ¡es él! Me tapo la boca y miro en dirección contraria apretando los dientes. La niña mala de mi interior está gritando de alegría, me vuelvo de nuevo hacia él y descubro que me está mirando con una ceja levantada. Le guiño el ojo y levanta las dos cejas sorprendido.    La sonrisa lenta que dibuja en sus labios me pone nerviosa. Su mirada promete cosas que tal vez ni está pensando, pero yo sí.    Me ponen el chupito y el...

El espejo

Estaba de pie frente al espejo. Su semblante era serio. El rato que llevaba mirándose, comenzaba a deformar sus rasgos. Ahora mismo solo era un amasijo de carne y piel.  Hacía más de un año que no iba a la peluquería y los niños la absorbían completamente, hasta el punto en que ella misma le rehuía al espejo.    Aquella mañana, sin motivo aparente, estaba mirando su propio reflejo. Tiró de una de sus mejillas en un pellizco, luego de la otra, arrastró los dedos por la frente y por último se detuvo a observarse.     ¿Cuánto tiempo llevaba ahí de pie mirándose?    Metió la mano en el cajón y sacó unas tijeras. Mientras empezaba a cortar con rabia mechones aleatorios de pelo. Iba viéndolo caer en el lavabo. Cuando no quedó más que cortar, se descubrió llorando, demacrada, con ojeras, agotada y ahora castrada en cuanto a pelo se refería. ¿Quién era esa mujer que la miraba desde el otro lado del cristal?    Se enfundó un g...