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Entradas

Por fin (2ª parte) Sam

  He pasado una semana de perros. La tuve tan cerca que parece mentira que no pudiera acercarme. Algo me paralizó. Tal vez el rechazo ¿Ella me rechazaría? Con chasquear los dedos podía tener a quien quisiera, pero con ella, siento que no va a ser así y eso me da miedo. Solo quiero oler su perfume, estar cerca, escuchar su voz, su risa. La veo reír con ganas, pero no la he escuchado nunca. Sé que tiene una actuación esta noche. Voy hasta el lugar para verla bailar. Es una diosa. « Mañana volveré a encontrarme contigo, ¿podré acercarme a ti? », pienso  distraído mientras observo sus movimientos en el escenario. De nuevo es sábado y volvemos a estar en el mismo espacio. La gente salta y baila, poseídos por la música y al fin la veo con un vestido negro, corto, sexi, provocándome un vértigo incontrolable que tensa todo mi cuerpo. De hoy no pasa. Voy a la barra. No quiero alcohol. Necesito estar sereno. El camarero le habla con confianza y aprieto los dientes con fuerza p...

Por fin (1ª parte) Carmen

Carmen y Sam Entro en la discoteca comiéndome el mundo. Tengo ganas de guerra y camino bien recta, intentando controlar los tacones y el suelo pegajoso que voy pisando. El DJ me saluda desde su podio, le sonrío y zarandeo la mano de forma exagerada y feliz, me giro y borro mi sonrisa falsa, para pedirle un chupito al camarero. Soy asidua a este local y me conocen todos, pero eso no quiere decir que todos me caigan bien.    Alguien se apoya a mi lado y pide agua. Al darme la vuelta para ver quién es descubro que el chico que me roza el brazo, ¡es él! Me tapo la boca y miro en dirección contraria apretando los dientes. La niña mala de mi interior está gritando de alegría, me vuelvo de nuevo hacia él y descubro que me está mirando con una ceja levantada. Le guiño el ojo y levanta las dos cejas sorprendido.    La sonrisa lenta que dibuja en sus labios me pone nerviosa. Su mirada promete cosas que tal vez ni está pensando, pero yo sí.    Me ponen el chupito y el...

El espejo

Estaba de pie frente al espejo. Su semblante era serio. El rato que llevaba mirándose, comenzaba a deformar sus rasgos. Ahora mismo solo era un amasijo de carne y piel.  Hacía más de un año que no iba a la peluquería y los niños la absorbían completamente, hasta el punto en que ella misma le rehuía al espejo.    Aquella mañana, sin motivo aparente, estaba mirando su propio reflejo. Tiró de una de sus mejillas en un pellizco, luego de la otra, arrastró los dedos por la frente y por último se detuvo a observarse.     ¿Cuánto tiempo llevaba ahí de pie mirándose?    Metió la mano en el cajón y sacó unas tijeras. Mientras empezaba a cortar con rabia mechones aleatorios de pelo. Iba viéndolo caer en el lavabo. Cuando no quedó más que cortar, se descubrió llorando, demacrada, con ojeras, agotada y ahora castrada en cuanto a pelo se refería. ¿Quién era esa mujer que la miraba desde el otro lado del cristal?    Se enfundó un g...