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Escribir a diario es mas que un hábito

  ¿Escribes a diario? Hace un tiempo decidí retarme a escribir cada día. No fue una inspiración repentina, ni una promesa de Año Nuevo. Simplemente, sentí que debía hacerlo. Me obligué a sentarme frente al teclado, aunque no supiera por dónde empezar. Al principio era eso: Solo sentarme aunque fueran diez minutos. Nunca lo sentí como una obligación, ya que me gusta escribir y disfruto mucho con ello. Pero, como ocurre con todo lo que se convierte en rutina, con el tiempo cambió. Aprendí a no obsesionarme si un día no podía escribir. No es falta de compromiso, es la vida misma que tiene compromisos ajenos a tu escritura. A veces no se puede, y está bien. Lo importante es que, si puedo, aunque solo tenga un momento, me siento a escribir. Y en esa constancia descubrí algo maravilloso: cuando escribo a diario, las ideas fluyen con mucha más facilidad. Los momentos de inspiración ya no son ráfagas pasajeras. Están ahí, siempre presentes, como si formasen parte de mí. La creatividad ya n...
Entradas recientes

Redes sociales

  ¿Cómo lidio con el algoritmo de Instagram? Cuando empecé con mi perfil de escritora en redes sociales, no imaginé que Instagram acabaría siendo casi un trabajo paralelo al de escritora. Lo abrí con la idea de conseguir un número x de seguidores, además de poder estar más cerca de mis lectores, compartir novedades, mostrar un poco del proceso de escritura…, pero muy pronto me di cuenta de que publicar en Instagram no es solo subir una foto bonita o anunciar un libro nuevo: detrás hay un algoritmo caprichoso y cambiante que puede hacer que tu publicación llegue a cientos… o a casi nadie. El dilema del alcance y además los seguidores que no llegan No os voy a mentir, como escritora autopublicada, mantener la visibilidad en redes es un gran reto. Hay semanas en las que, pese al esfuerzo, las publicaciones apenas tienen movimiento. Otras, un simple reel improvisado genera más interacción que un post planificado. ¿La razón? El algoritmo de Instagram. El algoritmo decide a cuántas perso...

¿Noveleta? ¿Eso se come, Dragonas?

¿Te ha pasado alguna vez que ves un libro y piensas:  ¿Esto es una novela?… ¿Un cuento largo?… ¿Un post-it con final feliz?    ¿Alguna vez te has encontrado con una historia corta, pero tan intensa que te dejó pensando durante días? Entonces probablemente leíste una  noveleta . Y si te has preguntado qué diferencia hay entre una novela y una noveleta, hoy vengo a aclarártelo. Lo primero: ¿qué es una noveleta? La noveleta, también llamada novela corta, es una historia más larga que un relato, pero más corta que una novela. Suele tener entre  15.000 y 40.000 palabras , y aunque es más compacta,  cuenta una historia completa : con principio, conflicto, desarrollo y final. Ideal si quieres enamorarte de los personajes, reírte, emocionarte y cerrar el libro con una sonrisa… ¡En una sola tarde! ¿Y la novela? La novela es…, ¡arena de otro costal!, más extensa (a partir de 40.000 palabras, y muchas rondan las 150.000). Esto permite desarrollar más subtramas, person...

Vecinos

Tiraba de la maleta con fuerza para subir los escalones. Debía pesar al menos doscientos kilos, era casi imposible arrastrarla. Una mano enorme se apoderó del asa y la levantó como si nada. Lidia se giró con rapidez para encontrarse con unos ojos azules enormes que la miran con una chispa de diversión. Dio un repaso rápido a su cuerpo que era fuerte y alto y de pronto sus mejillas ardieron con intensidad. Inspiró a punto de empezar a quejarse para que no la ayude, pero él ya está subiendo la escalera. —¿A qué piso vas? Lidia boqueó un par de veces sin saber cómo responder a aquella voz tan sensual y sacudió la cabeza para reaccionar. —Al segundo, pero no quiero molestarte. —dijo intentando recuperar su maleta.  Cogió carrerilla y estiro un brazo para cogerla, pero él se dio cuenta y la subió al siguiente escalón. —No es molestia, vivo en el segundo. Por cierto, me llamo Álex. —Encantada, pero de verdad… No quiero molestar. El chico se giró y con la sonrisa más pícara que había vist...

Escribe a diario (Escritora)

  Escribir a diario: más que un hábito, una forma de estar presente Hace un tiempo decidí retarme a escribir cada día. No fue una inspiración repentina, ni una promesa de Año Nuevo. Simplemente, sentí que debía hacerlo. Me obligué a sentarme frente al teclado, aunque no supiera por dónde empezar. Al principio era eso: Solo sentarme aunque fueran diez minutos. Nunca lo sentí como una obligación, ya que me gusta escribir y disfruto mucho con ello. Pero, como ocurre con todo lo que se convierte en rutina, con el tiempo cambió. Aprendí a no obsesionarme si un día no podía escribir. No es falta de compromiso, es la vida misma que tiene compromisos ajenos a tu escritura. A veces no se puede, y está bien. Lo importante es que, si puedo, aunque solo tenga un momento, me siento a escribir. Y en esa constancia descubrí algo maravilloso: cuando escribo a diario, las ideas fluyen con mucha más facilidad. Los momentos de inspiración ya no son ráfagas pasajeras. Están ahí, siempre presentes, ...

Por fin (2ª parte) Sam

  He pasado una semana de perros. La tuve tan cerca que parece mentira que no pudiera acercarme. Algo me paralizó. Tal vez el rechazo ¿Ella me rechazaría? Con chasquear los dedos podía tener a quien quisiera, pero con ella, siento que no va a ser así y eso me da miedo. Solo quiero oler su perfume, estar cerca, escuchar su voz, su risa. La veo reír con ganas, pero no la he escuchado nunca. Sé que tiene una actuación esta noche. Voy hasta el lugar para verla bailar. Es una diosa. « Mañana volveré a encontrarme contigo, ¿podré acercarme a ti? », pienso  distraído mientras observo sus movimientos en el escenario. De nuevo es sábado y volvemos a estar en el mismo espacio. La gente salta y baila, poseídos por la música y al fin la veo con un vestido negro, corto, sexi, provocándome un vértigo incontrolable que tensa todo mi cuerpo. De hoy no pasa. Voy a la barra. No quiero alcohol. Necesito estar sereno. El camarero le habla con confianza y aprieto los dientes con fuerza p...

Por fin (1ª parte) Carmen

Carmen y Sam Entro en la discoteca comiéndome el mundo. Tengo ganas de guerra y camino bien recta, intentando controlar los tacones y el suelo pegajoso que voy pisando. El DJ me saluda desde su podio, le sonrío y zarandeo la mano de forma exagerada y feliz, me giro y borro mi sonrisa falsa, para pedirle un chupito al camarero. Soy asidua a este local y me conocen todos, pero eso no quiere decir que todos me caigan bien.    Alguien se apoya a mi lado y pide agua. Al darme la vuelta para ver quién es descubro que el chico que me roza el brazo, ¡es él! Me tapo la boca y miro en dirección contraria apretando los dientes. La niña mala de mi interior está gritando de alegría, me vuelvo de nuevo hacia él y descubro que me está mirando con una ceja levantada. Le guiño el ojo y levanta las dos cejas sorprendido.    La sonrisa lenta que dibuja en sus labios me pone nerviosa. Su mirada promete cosas que tal vez ni está pensando, pero yo sí.    Me ponen el chupito y el...